
Otra boda, pero en ésta decidí comunicarme espiritualmente con Orisa. Ella me iba a decir cómo guiar mi comportamiento a largo de la noche. Mientras me hacían la foto yo conversaba con tranquilidad fijándome en los belfos bellos de Orisa. Me dijo que subiera al escenario y que comunicara a todos la buena nueva equina: no necesité micrófono, pues tenía voz.

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